
Porque los monstruos peludos también tienen derecho a merendar alegremente.
Dibujo hecho en una pequeña moleskine con tinta, lapiz y rotuladores chachis.
Se lo dedico al señor solano, que me hacía compañía mientras dibujaba y tomaba café yo también.


Hasta las chicas monas tienen derecho a poner caras feas ante la cámara.

