Nunca nadie supo su nombre, así que quedó bautizada como "la chica que bailaba swing encima de las mesas". Era hermosa, era alegre y era dinámica. Nunca habló con nadie. Solo bailaba.
Bailaba swing hasta el amanecer, decorando los alegres ritmos de la bohemia nocturna con su sonrisa eterna. Nunca se cayó de una mesa.