martes, 3 de febrero de 2009

ascensores compartidos


De nuevo en el ascensor un extraño ser se montó a mi lado.
Acaricié al canino que me lamía los tobillos y no pude evitar mirarle.

- ¿A qué piso va?
Me miró arqueando una ceja.
- A Babia.




Pulsé el 2º y cuando estaba sacando las llaves me di cuenta de que me seguía.
- ¿Perdone?
- ¿si?
- ¿adónde va?
- A Babia.
- Pero me está usted siguiendo.
- Exactamente....

Entonces comprendí y le dejé pasar.
Desapareció en cuanto cruzó el marco de mi puerta.












(gracias por la colaboración a sir Franagan).

pesadilla en el subsuelo


La terrible amenaza del transporte urbano se repite continuamente ante la exasperada población.
Las máquinas se ríen de nosotros, ¿no oyes una risa malévola en cuanto esas palabras se graban a fuego en tu trocito mágico de cartón?



prestad atención la próxima vez...